A todos nos ha pasado: estar parados junto a algún gritón cuando viajamos en tren o junto a aquel individuo en el ascensor que parece nunca callarse. Es peor que ir sentado junto a un bebé llorón en un vuelo internacional – estos verdaderos delincuentes con celulares están EN TODAS PARTES y simplemente parece no haber escape. Pues, no gracias. No me interesa oír que tu novio te engaña ni mucho menos estar al tanto de tu irregularidad intestinal ¡qué asco! Pareciera que, cuando se trata del uso que se da a los teléfonos celulares, dejamos de lado todo rastro de civilidad en desmedro de los oídos y la sensibilidad del resto. Como dice aquella expresión “alguien tiene que ceder” y, mientras nos maravillamos con la tecnología y aprovechamos sus beneficios, los buenos modales y el respeto por el espacio vital de los demás se ven perjudicados. Los teléfonos celulares han sin duda revolucionado la forma en que nos comunicamos y nos mantenemos en contacto con nuestros seres queridos, sin embargo, también crean una ilusión de proximidad que muchas veces puede llegar a alienar a quienes nos rodean con nuestras charlas sin sentido, ya que para ellos resultan verdaderas estupideces. Así es que, sin un orden específico, aquí presentamos un análisis de las reglas para teléfonos celulares que la gente suele romper y ¡adiós cultura cívica!

1. Hablar demasiado fuerte
Si, podemos oírlo fuerte y claro, de hecho, todos los que estamos a su alrededor podemos oírlo, a excepción de la persona con la que está hablando. Claro que los servicios de carrier son en parte responsables por este problema cuando su cobertura de red es de mala calidad (no olvidemos aquella campaña de Verizon con su comercial de “Y ahora puedes oírme?), pues puede convertir una simple llamada con el fin de saludar en un verdadero griterío. Está demás decir que algunas personas son totalmente indiferentes al verdadero caos y conmoción que desatan con sus aparentemente benignas conversaciones. Sin embargo, también están quienes aman llamar la atención en público. En algunos individuos esto es un casi un modus operandi, y podemos darnos cuenta de que tienen tantas inseguridades personales, que intentan superarlas alardeando al hablar por celular. Pues no, no nos impresiona saber cuántos bares visitaste anoche o que vas directamente camino a AA (alcohólicos anónimos).
2. ¿Infección genital? ¿piojos? Tener conversaciones inapropiadas en público es pecado de todos.
De verdad, por favor no compartas con todo el mundo las funciones íntimas de tu organismo o el hecho de que eres una verdadera esponja, no nos interesa saber que pasas ebrio todos los fines de semana. Recuerda, la regla de oro es que, sino quieres que tus padres se enteren, no lo digas en público. Eso también va para las conversaciones con demasiada carga emocional, no esperarás que todo el vagón del tren llore contigo, busca otras maneras (o mejor, busca otras personas a las que realmente les interese) de solicitar empatía. Lo que debes hacer es llamar luego a esa persona o instalarte tranquilamente en un lugar con menos gente para tener esas tormentosas conversaciones.
3. Lo siento amigo, tengo que contestar esta llamada: Interrumpir conversaciones brusca y rudamente.
Todos hemos estado en esa posición. Estamos en una reunión o conversando con alguien o, peor aún, en medio de una primera cita, cuando el maldito teléfono comienza a sonar y la persona nos interrumpe abruptamente para contestar esa llamada sin importancia ¿Por qué será que una voz incorpórea al otro lado de la línea es más importante que el ser humano que se encuentra aquí, hablando en vivo? Y para peor, a nadie le agrada quedarse en silencio mientras el otro conversa muy animadamente por teléfono. De verdad, gente ¡seamos considerados! ¿acaso ya nadie tiene cultura cívica?
4. “I like big black butts and I cannot lie”: Esos ringtones desagradables y verdaderamente vulgares.
En estos tiempos, sólo se requiere oprimir un botón para convertir cualquier canción en el tono de repique de nuestro celular. Y esos tonos puedes ser molestos y odiosos para nuestros oídos. Nuevamente, por favor sigue la regla de oro, si no quieres que tus padres o hijos escuchen esa canción, no infrinjas la sensibilidad del resto con esos ringtones odiosos o vulgares. ¿Un grito o un ladrido de perro como ringtones, en serio? Pero ¡¿en serio?!
5. Revisar el celular durante una película o una obra.
Enviar mensajes de texto o chatear durante un estreno de cine o una obra de teatro es lo peor de los modales de los usuarios de celulares. Imaginemos estar en una habitación llena de gente y tener que oír cada horrible detalle de la vida de alguien o cada sonido del teclado mientras otra persona envía textos. Y además, la luz de los equipos resulta cegadora. El mundo no se acabará si apagamos el teléfono por dos horas y, probablemente, tampoco habrá ninguna emergencia. Y si la hubiera, no estaríamos en el cine para empezar. Si ya ocurrió, ya no estuvimos ahí, y no hay nada que se pueda hacer al respecto.
6. El mayor peligro: enviar textos al conducir
Enviar mensajes de texto al conducir es lo mismo que conducir ebrio. No debemos centrar nuestra atención en nada más que en el camino cuando estamos al volante. Si el sólo hecho de hablar mientras se conduce ha sido penado en la mayoría de los estados, enviar mensajes de texto al volante también debería ser un delito. ¿Qué puede ser tan importante que no pueda esperar hasta que aparquemos? Esto no sólo pone en riesgo la vida de los que conducen, sino que es una actividad negligente que carece absolutamente de propósito. De acuerdo a un estudio reciente, los celulares son los causantes de más de 200 muertos y 50 mil heridos cada año. Los Estados deberían implementar normas imperativas y fuertes contra el envío de mensajes al volante, capaces de disuadir a las personas de hacerlo, ya que ambas son actividades mutuamente excluyentes.